Circulando por la calle Perón, casi en la intersección con Maipú, alcancé a ver unas coloridas pegatinas anónimas con las fotografías de varios legisladores en cuadrícula. Entre ellas se cita: “Felicitaciones a nuestros Empleados del Mes” e, irónicamente, firma “Clarín”. A primera vista los rostros no son otros que los de quienes conforman el arco opositor a la política oficialista: Silvana Giudici, diputada nacional por la UCR; Felipe Solá, diputado nacional por el PF; Lilita Carrió, diputada nacional por la CC; Federico Pinedo, diputado nacional por el PRO; Oscar Aguad, diputado nacional por la UCR; Julio Cobos, Vicepresidente de la Nación; Fernando Iglesias, diputado nacional por la CC; Gerardo Morales, diputado nacional por la UCR; Patricia Bullrich, diputada nacional por la CC; y Adrián Pérez, diputado nacional por la CC.
Más allá de esta ocurrencia que tuvo origen en la usina kirchnerista, emulando las campañas de estímulo de Mc Donald's, cabe una interesante reflexión. Para este Gobierno, todo aquel que no opine en claro alineamiento y sumisión, no solamente debe ser descalificado, vituperado y violentado, también es “empleado” de Clarín. Y si su desempeño, a juicio de Néstor Kirchner y sus adláteres, ha demostrado un esfuerzo, pues no cabe más que premiarle con esta significativa cucarda, “Empleado del Mes”. El autor se ha cuidado de que no figuren ahí otros legisladores, oficialistas arrepentidos o en fuga, tal vez con la esperanza de recuperarlos o para no despertar resentimientos.
Esto no es más que la respuesta que tiene el oficialismo para las reacciones que desata el propósito de tomar el control de los medios. Su objetivo es claro y se traduce en la reciente reglamentación de la nueva Ley de Medios, aún no vigente por ciertos reparos y presentaciones judiciales; por el embate contra el Grupo Clarín, claramente expuesto en la resolución que declara la caducidad de la licencia de Fibertel, prestadora de servicios de Internet de Cablevisión S.A.; y por la pretensión de intervenir Papel Prensa S.A. a toda costa. Es evidente que el Gobierno ha llevado el conflicto que mantiene con el multimedios al nivel más álgido, instalándolo en la opinión pública bajo cualquier excusa y valiéndose para ello de argumentos arteros y engañosos que juegan, además, con trágicas expresiones del pasado.
De más está decir que a Doña Rosa, la misma que está en cola de la verdulería, calculando que lo que tiene en el monedero no le alcanza para comprar un kilo alcauciles, le importa un pepino –sino una berenjena- la trifulca entre Magnetto y Kirchner en las postrimerías de lo que otrora fuera una magnífica luna de miel, y mucho menos que se declare de interés público la producción de pasta celulósica y papel para diario. Tampoco debe importarle mucho al desprevenido transeúnte del microcentro, más preocupado por si lo que tiene en el bolsillo le alcanzará para llegar a fin de mes, si es que un motochorro no se lo lleva puesto antes de robárselo. Sí debiera importarnos a nosotros, en general, porque los dineros de esa producción en afiches no salen de otro lado sino de nuestros bolsillos; o lo que es peor, del ANSES. Por último –y definitivamente-, al Gobierno tampoco le importa demasiado la efectividad de la pegatina, lo único que busca con ello es lo que bien sabe hacer: descalificar al contrario de cualquier manera y ocupar el intelecto de los argentinos en estupideces sin sentido. Da la sensación de que van por todo, que no les interesa lo que pensamos y que no se detendrán aún cuando todos vayamos para un lado y ellos para otro.
No es momento para repasar la extensa lista de “empleados del mes” que este mismo Gobierno puede exhibir, no menos interesante. Pero ésta en particular me resulta muy afecta porque lo que está en juego es la libertad de expresión. El Grupo Clarín, como multimedio, será un monopolio; pero la concentración de poder de los medios solo puede ser regulada por las preferencias de la ciudadanía mientras el Estado debe proveer el marco legal para facilitar la competencia sin intervenciones de tinte autoritario. Es obvio que la opinión de estos legisladores no es algo que se encuentre en los planes del kirchnerismo, en consecuencia se los insulta otorgándoles la “pertenencia” al diario como “empleados del mes”, deslizando la sospecha de retribuciones a cambio de su “esfuerzo”. Si es así, todos los que opinamos en contra de la política oficialista, tarde o temprano, seremos “empleados de Clarín”, aunque nunca hayamos estado en consonancia con su línea editorial. Cuando ello ocurra reclamaremos el premio y nuestra propia pegatina.
Menudo insulto recibimos los argentinos de este gobierno que se precia de gobernar “para todos”. A este paso terminarán gobernando para ellos si es que no es ésa su verdadera intención.

